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La lucha con la pelota hizo presente la antigua raigambre tarasca sobre la cual se fundó la república purépecha en Michoacán. En verdad, esta antiquísima práctica se difundió en los territorios de América donde nació y se desarrolló la compleja civilización mesoamericana, como en aquellos donde se formaron otros conglomerados culturales. Los de la vecina Aridoamérica, por ejemplo, donde inclusive tuvo lugar —en lo que luego sería Nuevo Santander— una variedad que incluía el uso de garrotes, palos, mazos o paletas a manera de impulsores, atajadores o bates. De hecho, dada su amplia distribución en el continente, los diversos tipos de enfrentamientos con la pelota fueron nativos americanos sin duda alguna. VER ANEXO 1 JUEGO DE PELOTA Aunque algunos autores señalan a los Tarascos como la cultura antes de los Purépechas, los dos nombres se refieren a la misma cultura, la verdad es que no sabemos el nombre que los habitantes del Lopeño se imponían así mismos, y podemos clasificar cinco diferentes culturas representadas por sus vestigios y por la influencia de estos en los restos encontrados al azar en el cerro y sus alrededores. Exceptuando la excavación de Oliveros (1972), y Noguera en 1938, no existen otros estudios de la zona, y la clasificación de las piezas responde a la época según el grado de influencia de las diferentes culturas mesoamericanas. En las inmediaciones de la cultura del Lopeño no existen enormes construcciones, es una de las comunidades que ha permanecido incólume por milenios mas allá que cualquiera otra, ya que al finalizar el Clásico, todas aquellas culturas que habían construido enormes ciudadelas las vieron sucumbir, quizá el rico sistema de explotación de la zona de Jacona aunado a que eran comunidades reunidas en torno a un santuario milenario, que las cohesionaba y el cual seguramente recibía peregrinos de otras latitudes, quienes aprovechando la visita a las minas de Zináparo rendían culto al Curutarán, y permitieron con soportes sociales por generaciones su continuidad hasta nuestros días. (M.A.) El más grande común denominador de la zona era por supuesto el Lago, enorme territorio de agua que permitía la pesca sistemática y sus ricos limos rivereños cosechas de granos abundantes, el Tziróndaro que era una zona cienegal y pantanosa (del llamado Mar Chapálico), permitía en sus juncos la proliferación de gansos, gallaretas, güilotas y guajolotes principalmente en sus humedales que les permitió domesticarles, entre otras aves migratorias y fijas; en los meandros y en las tamandas proliferaban los mamíferos como los “perros de aguas”, especies de nutrias, los tejones, el tlacuache, crustáceos como los “Chapos”, o langostinos de agua dulce. El sin fin de cursos de agua desde la alta cañada con sus manantiales desde Carapan, incluidos los veneros del lago de Camécuaro reunidos con las provenientes de Tlazazalca, se volvían un torrente aunado a las decenas de manantiales de todos los tamaños que formaba el cauce de El Duero antes de sucumbir en el pantanal en las faldas del Curutarán. Las piezas de la colección municipal cuentan incluso con restos de saqueos realizados en una época muy anterior, y puede notarse en las pequeñas rodelas hechas con alfarería encontrada en pedazos en la zona, según Rosalba Delgadillo Torres, Arqueóloga del INAH, tales instrumentos podrían haberse empleado como pesos laterales en las redes de pesca de estilo ”Tarralla”. Tales piezas podrían haber servido como tejos para ser lanzados en alguna actividad lúdica, pero igualmente como arma, ello por el tallado lateral de las piezas, (M.A.) Este tipo de práctica incluye el trabajo sobre piezas que fueron diseñadas con especial cuidado adaptándolas a su nuevo huso, como es el caso de la imagen aledaña, la cual de un canto con dibujo se aprovecha su forma de cara, se talla y pule para darle su forma de rodela pero se conserva el tiente aplicado en un origen, (M.A.) El color aplicado a las piezas de la colección varía según la época y la procedencia, a simple vista es posible que solo apreciemos un trazado pero al observar detenidamente podemos notar que los colores de las piezas más antiguas se han degradado con el tiempo. Muchas de ellas son imágenes lúdicas de animales o interpretaciones de sujetos fantásticos y por su Condición se encuentran altamente fragmentadas, tales piezas están dispersas en todo el área señalada en el mapa de las zonas arqueológicas, pero incluso desde la Comunidad de La Planta, donde se han descubierto tumbas de tiro, y hasta Rancho Nuevo, es decir en todo el territorio municipal existen a la vera del camino múltiples vestigios con diferentes dataciones, los más antiguos podemos señalarlos en más de 7 mil años de antigüedad pero incluso en la colección se cuenta con piezas que encontradas en esta zona son de la época colonial. Debido a la falta de atención en otras épocas, las personas paseaban por la región tomando para sí fragmentos de cerámica, obsidiana o piezas completas. La colección en cuestión se encuentra formada por piezas entregadas por particulares en diferentes ocasiones en las dos últimas décadas y finalmente en el 2009 se llevó a cabo el registro de la colección por el INAH, recibiendo el número 2006, en custodia del municipio, en el 2012 se llevó a cabo una revisión y se obtuvieron nuevas donaciones o entregas hechas por ciudadanos con la intención de ampliar dicha colección y en el 2013 el total de las piezas en posesión del municipio han sido registradas por el INAH, formando por primera vez un acervo respaldado por parte de la autoridad competente para lograr su exhibición con respaldo científico. El territorio cuenta con múltiples vestigios e incluso en las colonias Manantiales y El Opeño los habitantes han encontrado objetos a unos centímetros bajo el suelo de sus hogares, dichos espacios eran lugares de labranza hasta hace muy poco, e incluso el material en video elaborado por el Colegio de Michoacán que sirve para explicar la zona reproduce estas zonas aun con siembras en la década de 1990, la reserva anotada por el INAH, señala dos áreas exclusivamente, la que cuenta con pinturas rupestres en el lado sur del morrón del Curutarán y el área donde Arturo Oliveros Morales realizó el estudio de la Tumba de tiro, sin embargo existen cuando menos tres espacios más que merecen un estudio a profundidad señalados en la foto anterior de la fotografía del territorio. El propio cerro cuenta con una serie escalonada y terraplenes ocultos por la maleza, así como peldaños cocidos en el propio sitio; en la parte baja del faldón del morrón puede observarse claramente el perfil de un basamento, sitio que cubre el total del perfil norte del morrón, la parte donde inicia es un cementerio que debido a obras para extraer material dejó al descubierto un amplio sitio y que debido a las torrenciales aguas en la época de lluvias el deslave descubre poco a poco los puntos funerarios y ha sido necesario retirar los que han quedado al descubierto para evitar el saqueo, pero no hay un estudio formal que termine por explicar su contenido. |
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